19/03/2025 Hoy intenté comenzar una clase, pero mi maestra decidió que era mejor dedicar el tiempo a reforzar los temas de suma y resta. En lugar de quedarme sin hacer nada, me dispuse a ayudar a los alumnos que lo necesitaran. Para mi sorpresa, terminé enseñándole con mucha paciencia a Nicolás, un niño que suele pasar desapercibido en el aula. No participa mucho, rara vez entrega sus tareas y, en general, parece estar desconectado de las actividades. Sin embargo, algo inesperado ocurrió: mientras le explicaba, vi cómo su expresión cambiaba a medida que comprendía el proceso. No solo logró resolver algunas sumas con mi ayuda, sino que incluso se animó a hacer algunas por sí solo. Fue un pequeño logro, pero verlo entusiasmado y confiado en sí mismo hizo que mi día valiera completamente la pena. Por otro lado, desde hace tiempo hemos tenido problemas con la limpieza en el salón, especialmente con Ana. Ella entra, juega, recorta y deja su espacio lleno de papeles y materiales...