Conocemos a los microorganimos 👾👹😷

 Martes 11 de marzo del 2025

Hoy fue un día especial en el aula porque mi mamá vino a dar una plática para mi proyecto. Como es enfermera, pensé que su presencia captaría la atención de mis alumnos y que sería la persona ideal para hablarles sobre la importancia del lavado de manos, ya que justo comenzamos con el tema de los microorganismos en el campo de Ética, Naturaleza y Sociedades. Con esta actividad, buscamos abordar el PDA de distinguir, describir y registrar en su lengua materna las características del entorno natural, incluyendo elementos como las plantas, los animales, los cuerpos de agua y las condiciones climáticas.

Sin embargo, antes de que la plática comenzara, ocurrió algo inesperado y muy gracioso. Apenas los niños vieron a mi mamá con su uniforme de enfermera, varios se asustaron, pensando que venía a ponerles una inyección. De hecho, un alumno entró al salón, la vio y salió corriendo antes de que pudiera decirle algo. Rápidamente, le aseguré que no iban a vacunarlos ni hacerles nada doloroso, que solo era una plática. Eso pareció tranquilizar a todos, y poco a poco se sintieron más cómodos.

A pesar de mis nervios iniciales por tener a mi mamá en el aula, la actividad resultó ser un éxito. Fue una experiencia extraña pero linda, porque por momentos no sabía cómo interactuar con ella en este contexto; a veces la tuteaba sin querer y se me hacía raro escucharla llamarme "maestra". Sin embargo, ver la emoción y la curiosidad de los niños hizo que todo valiera la pena.

Al final, me quedé con una gran satisfacción. La plática les gustó, aprendieron sobre la importancia del lavado de manos y, sin quererlo, vivimos un momento divertido con el susto inicial. Fue un día lleno de aprendizajes, tanto para ellos como para mí.



Aún me cuesta mantener la paciencia cuando trabajo con mis alumnos, especialmente con un niño en particular. Casi nunca asiste a clase, y cuando lo hace, se muestra poco cooperativo. Intento ser paciente con él, jugar, bromear, tratar de integrarlo de alguna manera, pero no responde. Es grosero en sus respuestas, contesta con actitud desafiante y no muestra interés en participar en las actividades. Me frustra porque quiero ayudarlo, pero parece que nada es suficiente.

Algo que me preocupa mucho es que no trabaja en clase. Pasa la mayor parte del tiempo con la cabeza apoyada en el banco, como si simplemente no quisiera estar ahí. Además, busca cualquier excusa para salir del aula: antes del recreo ya ha pedido ir al baño al menos cuatro veces, y después, otras cuatro más. Siento que evita a toda costa estar presente en el salón, y eso me hace preguntarme qué es lo que realmente está pasando con él.

Admito que, en varias ocasiones, he tenido que regañarlo, sobre todo por conductas agresivas hacia sus compañeros. Me duele hacerlo porque no quiero que mi relación con él se base solo en llamados de atención, pero tampoco puedo permitir que lastime a otros o que su actitud afecte el ambiente de la clase. Sin embargo, cada vez que lo corrijo, siento que la distancia entre nosotros se hace más grande y me cuestiono si estoy manejando bien la situación.

Me frustra no saber qué hacer con él. No sé cómo lograr que confíe en mí, que se motive, que al menos levante la cabeza y participe un poco. Pero también me frustra no saber qué hacer conmigo misma en estos momentos. Trato de mantener la calma, pero hay días en los que siento que mi paciencia se agota y no quiero que esa sensación termine afectando la forma en que trato a los demás niños.

Hoy me quedé pensando mucho en esto. Quiero encontrar una manera de ayudarlo sin que él lo vea como un castigo o como una obligación. No quiero rendirme con él, pero tampoco quiero que mi frustración me haga perder el control de la situación. Tal vez necesite buscar otra estrategia, quizás algo que no haya intentado aún. Lo único que sé es que quiero que, de alguna forma, sepa que estoy aquí para él, aunque aún no esté listo para darse cuenta.

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