Juegos y mas juegos

 25 de marzo del 2025


Hoy, después de las clases de reforzamiento en lectoescritura y pensamiento científico, me dediqué a implementar una actividad correspondiente al Propósito de Aprendizaje (PDA): “Recrea elementos de la naturaleza que le despiertan asombro mediante formas, colores, sonidos, movimientos y gestos”. Esta actividad forma parte de las acciones que estoy integrando en mi informe de práctica docente.

Elegí trabajar este PDA porque considero que, en ocasiones, los adultos no permitimos que los niños sean verdaderamente niños: espontáneos, curiosos, creativos y libres de explorar el mundo que los rodea a través del juego. Me parece fundamental brindarles espacios donde puedan expresarse libremente, desarrollar su imaginación y conectar con su entorno de una manera significativa. Justamente por eso, decidí que esta actividad debía ser lúdica, dinámica y llena de movimiento.

La propuesta consistió en formar equipos de cinco integrantes. A cada grupo se le entregó un tablero de oca especialmente diseñado con casillas que contenían diversas acciones relacionadas con elementos de la naturaleza. Cada vez que un alumno caía en una casilla, debía representar la acción mediante mímica o gestos. Por ejemplo, una de las instrucciones decía: “Imita a tu animal favorito y permite que tus compañeros lo adivinen”. Solo si lo lograban, podían avanzar. Jugamos un total de tres rondas, lo que permitió que todos los alumnos participaran de forma activa y repetida.

Durante el desarrollo de la actividad observé con gusto cómo los niños se involucraban, se reían, colaboraban entre sí e incluso mostraban sorpresa y alegría al ver a sus compañeros interpretar animales, fenómenos naturales o elementos del entorno. Muchos se esforzaban por hacer sus gestos lo más realistas posible, y otros se animaban a participar aunque al principio mostraban timidez. Este tipo de actividades no solo promueven la expresión corporal y el trabajo en equipo, sino que también fomentan la empatía y el reconocimiento de emociones, al ponerse en el lugar del otro o interpretar seres vivos.

Sin embargo, no todo fue sencillo. Se presentaron algunas dificultades, como alumnos que no hacían un buen uso del material que se les había entregado, a pesar de que desde un inicio se dieron instrucciones claras sobre su manejo. Algunos se distraían con las fichas o alteraban el orden del juego. A pesar de esto, traté de mantener la calma, redirigir su atención y recordar las reglas de manera positiva, reforzando la importancia del respeto y el cuidado de los materiales compartidos.

En general, fue una experiencia valiosa tanto para los niños como para mí. Me recordó lo esencial que es crear espacios de aprendizaje donde los alumnos puedan aprender desde el juego, la interacción y el asombro por el mundo que los rodea. Como futura docente, me motiva seguir planeando actividades significativas que no solo cumplan con los aprendizajes esperados, sino que también respeten los tiempos, intereses y emociones de cada niño.

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