6 de mayo regresamos
El día de hoy comenzamos con las actividades permanentes. Lo primero que noté al recibir a los niños fue que venían muy contentos, con una energía especial y muchas ganas de platicar. Esto se debía, en gran parte, a que hubo algunos días en los que no habían asistido a clases, por lo que sentían la necesidad de compartir sus experiencias y ponerse al día tanto con sus compañeros como conmigo.
En lugar de cortar esa iniciativa, decidí aprovechar ese entusiasmo natural para entablar un diálogo más cercano con ellos. Les permití expresarse libremente durante los primeros minutos, y poco a poco fui orientando la conversación hacia temas relacionados con la clase. Esta estrategia resultó muy positiva, ya que los niños se mostraron más receptivos y participativos durante el resto de la jornada.
Noté que cuando se sienten escuchados, están más dispuestos a colaborar y a prestar atención. Por lo tanto, esta apertura inicial no solo fortaleció el vínculo afectivo, sino que también se convirtió en una herramienta pedagógica efectiva. A partir de esta experiencia, reafirmo la importancia de ser flexible y de saber leer las emociones del grupo para encauzarlas hacia el aprendizaje.
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