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Hoy tenía preparado el material y los recursos necesarios para comenzar con un nuevo tema: la planificación de actividades en torno a los días festivos y los llamados "puentes". Mi intención era iniciar con una propuesta didáctica que permitiera a los alumnos comprender la organización del calendario y reflexionar sobre el tiempo y la planificación personal.
Sin embargo, al llegar, la maestra titular me informó que los alumnos ya no tendrían clases de Educación Física durante las próximas semanas, sin especificar un periodo exacto. Esta decisión, según me explicó, fue tomada por dirección como parte de una reorganización interna. Ante este cambio imprevisto, me pidió que facilitara algún material o actividad para que los niños pudieran jugar y aprovechar ese espacio de manera lúdica.
Frente a esta situación, opté por adaptar mi planificación y utilizar algunos de los materiales que llevaba para realizar juegos organizados que permitieran a los alumnos moverse, socializar y liberar energía. A pesar del cambio de planes, fue una buena oportunidad para observar cómo los niños interactúan en contextos menos estructurados y cómo responden a dinámicas de grupo.
Más allá de esta modificación, el resto del día transcurrió de forma habitual, con la realización de las actividades permanentes. Esta experiencia me recordó la importancia de estar preparado para imprevistos y de mantener una actitud flexible y propositiva. Como docente en formación, cada día en el aula representa un nuevo aprendizaje, no solo en términos pedagógicos, sino también en la gestión del tiempo, los recursos y la capacidad de adaptación.
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